“Engordo por los nervios” es verdad y tiene un mecanismo. El cortisol eleva el azúcar en sangre a partir de las reservas para tener energía para correr; no hay adónde correr, la insulina retira el azúcar y también lo almacena como grasa — en el abdomen, donde hay más receptores de cortisol. El cortisol aumenta el apetito por lo graso y lo dulce — energía rápida para el “peligro”. Altera el sueño, y dormir poco lo eleva aún más. También descompone los músculos, por lo que disminuye el gasto energético. Cuatro vías llevan en la misma dirección, y ninguna depende de la fuerza de voluntad. Por eso, durante un periodo de estrés, el método se vuelve más suave, no más estricto: una ventana más corta, caminar en lugar de hacer intervalos y priorizar el sueño. Consulta el análisis en estrés y falta de sueño: por qué el peso se estanca.