Dormir mal es el principal saboteador en esta etapa. Una noche con tres despertares eleva el cortisol y la grelina, y al día siguiente, el deseo de comer dulces no tiene que ver con la fuerza de voluntad, sino con la fisiología. Los sofocos suelen estar provocados por el alcohol, el café después de comer, los alimentos picantes y una cena abundante y tardía; es decir, cosas que ya interfieren con el método. Si los eliminas, dormirás mejor y, con ello, también mejorará tu apetito. Qué ayuda según la evidencia y qué es un mito, en el artículo sofocos y sueño.